El jardín

El sueño de la Duquesa

El Jardín de la Casa del Rey MoTras adquirir los terrenos donde hoy se encuentra el jardín, la Duquesa de Parcent, Trinidad von Scholtz Hermensdorff, encargó su diseño al paisajista francés Jean Claude Nicolas Forestier. Para su creación, se inspiró en el jardín hispanomusulmán y en la geometría de los jardines franceses. Hoy es Bien de Interés Cultural.

En la Casa del Rey Moro, el paisajista francés Jean Claude Nicolas Forestier quiso crear un jardín para los sentidos a partir de su concepto de «jardín mediterráneo». Se trata de un tipo de jardín inspirado en el arte hispanomusulmán, que recuerda a los jardines de la Alhambra o el Alcázar de Sevilla; que integra frutales y plantas aromáticas, adaptadas al clima de Ronda para provocar sensaciones durante todo el año; y que se ordena a través de parterres geométricos evocando la tradición paisajística francesa.

A través de tres terrazas con un pequeño desnivel entre ellas, Forestier organizó el estrecho espacio destinado al Jardín, que mira por el lado norte hacia el Tajo. Breves escaleras enlazan cada terraza para salvar este desnivel. Y el agua en movimiento es lo que las une: en la terraza superior, Forestier instaló una fuente que vierte su agua a un canal que circula hasta desembocar en el estanque de la terraza inferior. Este canal longitudinal, con avenidas para pasear a los lados, evoca el característico jardín-huerto de la cultura islámica, tradicionalmente desarrollado en patios con acequias.

A ambos lados del canal de agua se sitúan los parterres, con setos de ciprés, boj y mirto, recortados con formas geométricas, tal como es habitual en la jardinería francesa. Además de estas plantas, Forestier planificó la plantación de otras muchas, capaces de ofrecer especiales sensaciones visuales y aromáticas de gran belleza. Entre ellas se encontraban los rosales, que no han podido prosperar por encontrarse hoy a la sombra de un enorme pino invasor. También, macetones de laureles recortados con formas esféricas, situados al pie de cada escalera, o la enorme glicinia que, en primavera, durante la floración, ofrece un rutilante espectáculo de color malva sobre la pérgola. La pérgola es otro de esos elementos que dan continuidad a las distintas terrazas: se extiende cubriendo todo el lado sur y ofreciendo sombra. Para disfrutar de esa sombra, en la terraza superior se sitúan varios bancos para el descanso, completamente forrados de azulejos, al estilo de la decoración de los jardines del arte hispanomusulmán y mudéjar.