La Casa del Rey Moro. Historia

La Casa del Rey Moro es un conjunto monumental único por su interés histórico, clave en la historia de la Reconquista y en la defensa de la ciudad, a lo largo de la historia.

El conjunto se compone de tres elementos: la Mina de Agua, la Casa y el Jardín.

  • La Mina de Agua de época nazarí (uno de los ejemplos mejor conservados en España).
  • La Casa de estilo neomudéjar concebida por la Duquesa de Parcent a principios del siglo XX a partir de la unión de viviendas del s. XVIII (actualmente en restauración).
  • El Jardín diseñado por Jean Nicolas Forestier en 1912 por encargo de la Duquesa (primera obra reconocida del francés en nuestro país).

Forestier proyecta un jardín mediterráneo, que combina la influencia del clásico jardín hispanomusulmán con el diseño geométrico del jardín francés. Adapta su trazado al estrecho solar en desnivel en el que se asienta, salvado con el diseño de tres terrazas. Aprovecha la potencia del terreno instalando miradores al Tajo y a las montañas.

La Mina de Agua es una compleja obra de ingeniería hidráulica para uso militar. Se construye aprovechando una grieta natural oculta en la pared del Tajo. Su visita propone un recorrido único en descenso hasta el lecho del río Guadalevín (a unos 60 metros de profundidad) a través de una galería que nos traslada a un paraje natural de enorme belleza.

Actualmente son visitables la Mina de Agua y el Jardín Histórico.

Lawrence Perin: el americano

 

Es una de las personalidades más extravagantes que jamás se han vinculado a la Casa del Rey Moro, pero su protagonismo en Ronda a principios del siglo XX significó devolver al monumento la atención mediática y académica y el interés de los ciudadanos.

En otoño de 1909, el multimillonario estadounidense Lawrence Perin llegó a Ronda y compró la Casa del Rey Moro. En pocas semanas era noticia en los diarios más importantes de la época. ¿Cómo lo logró?.

Perin se reunió en Madrid con el subsecretario de Estado para explicarle que sospechaba de la existencia de valiosos tesoros musulmanes en su nueva adquisición. Para confirmarlo, contrató a unos 70 operarios que iniciaron una serie de excavaciones donde se descubrieron monedas históricas y salones fastuosos. En Madrid, este relato generó tal entusiasmo que el gobierno designó a un arquitecto para investigar el hallazgo.

Sin embargo, las noticias desde Ronda desmentían a Perin. Los operarios eran en realidad unos pocos albañiles que habían acondicionado la vivienda para hacerla habitable. Los auténticos tesoros consistían en la historia de la mina de agua, que la mayoría de los rondeños ya conocía. Pero no había rastro de las suntuosas estancias, con decoraciones de mocárabes y yeserías, tumbas de reyes musulmanes, ni monedas.

El escaso mobiliario de aspecto musulmán había sido comprado en Tánger por el propio Perin y era contemporáneo.

 

 

En la fachada de la casa había instalado además un cartel con el precio de la entrada para las visitas: 25 pesetas. Parecía claro que el multimillonario sólo tenía un interés especulativo. En menos de una semana, sus mentiras se habían desmontado.

Todo este revuelo motivó uno de los primeros y más detallados informes históricos de la Casa del Rey Moro, redactado por el académico de la Historia Juan Pérez de Guzmán.

La actitud de Perin entonces empezó entonces a ser peligrosa. La prensa de la época traza un retrato preciso: se fue a «arrojar monedas» a unos ciudadanos que no quisieron venderle unos terrenos; se dedicó a recorrer los pasillos del hotel donde se alojaba, revolver en mano, recitando versículos del Corán, y terminó liándose a puñetazos con el dueño del establecimiento; acusó a una mujer de intentar apuñalarle…

Todos en Ronda comentaban que Lawrence Perin estaba loco, así que avisaron al cónsul de los Estados Unidos para que se hiciera cargo de él. Era cierto: en términos médicos, Perin padecía trastorno bipolar. Además, su estado de salud debió agravarse en el verano de 1909, poco antes de llegar a Ronda, cuando su esposa se suicidó: ambos estaban entonces de viaje por Europa con su hijo de pocos años. A pesar de toda esta aventura, Perin pareció salir adelante: regresó a Estados Unidos, se volvió a casar y continuó con los negocios de bolsa que le habían hecho multimillonario. Así fue hasta que, en 1917, decidió quitarse la vida.